Cuidado, los shortbread enganchan


Valoraciones:
Malo, como pan de plásticoRegular, como cruasán a la planchaNo está mal, como mi primer pan caseroBueno, como mi quinto pan casero¡Estupendo! Me acabo de comer la hogaza enterita
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12 Comentarios

Cuidado, los shortbread enganchan

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Malo, como pan de plásticoRegular, como cruasán a la planchaNo está mal, como mi primer pan caseroBueno, como mi quinto pan casero¡Estupendo! Me acabo de comer la hogaza enterita
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Sobre esta receta

Si algo hay capaz de convertirte en un yonki de la repostería son los shortbreads. Así que es algo a lo que tienes que acercarte con prudencia porque después resulta muy difícil desengancharse. Para evitar problemas yo prefiero hacer pocos. También puedes hacer muchos, pero allá tú, yo solo aviso de que hagas los que hagas te los vas a comer todos. Es algo así como una maldición bíblica: Antes de que se ponga el sol te acabarás las galletas. Y tal cual, no queda una, y después lloramos en la báscula y hay que zurrarle a la elíptica en el gimnasio…
Porque encima los malditos shortbreds son sencíllisimos de hacer, nada de largos procesos ni de prolongadas esperas, así que a nada que te dé el antojo ya estás devorando este monumento escocés.

De estas galletas, por llamarles algo, se pueden hacer mil variantes. Los hay que les ponen chocolate, vainilla, canela, almendra o lo que se te antoje. No digo que no estén buenas las variaciones, pero como con la música, mejor escuchar primero el tema original que ya habrá tiempo catar las versiones. Y el original, en su suprema sencillez, es excelso. Mantequilla, harina, azúcar, una pizca de sal y poco más. He visto muchas recetas y de ellas probé la de Dan Lepard (Dan Lepard & Richard Whittington, Baking with passion. Editado por Quadrille). Seguro que si pruebas con otra también lloras.

Cuando te metas en faena ten paciencia, porque al principio puedes pensar que resulta imposible convertir tanta harina y azúcar en una masa moldeable aglutinando solo con mantequilla, pero sí que es posible. Cuando utilices el rodillo hazlo poco a poco y sin apretar demasiado, porque si haces mucha fuerza la masa se acaba agrietando, es más, si con el rodillo te lías, extiende con las manos. Sácalos del horno cuando se empiecen a dorar, pero recuerda que han de tirar más a blanco que a moreno, y que el sabor cambia, y no mejora, si te pasas. Si los metes en un bote duran tres o cuatro días, pero insisto, tus shortbreads jamás tendrán tiempo de ver un segundo amanecer. Garantizado.

Qué vas a necesitar

Ingredientes para hacer unos 25 shortbreads


Consigue 1,5 kg de harina panadera de regalo en nuestra tienda online
Usa el cupón 5CDZQ4FT.
  1. Saca la mantequilla de la nevera y córtala en trozos pequeños en un bol. Déjala media hora para que se ablande y mientras esperas vete untando la bandeja con más mantequilla.
  2. Añade el resto de ingredientes y amasa, apretando en la mano (cerrando el puño) para que la mantequilla se vaya uniendo al resto de ingredientes, lo que te llevará unos minutos. Cuando tengas la masa lista, forma una bola.
    masa_shortbread
  3. Aplana la masa ligeramente con el rodillo y métela en la bandeja. Sigue estirando con el rodillo o, si ves que se quiebra, estira con la yema de los dedos para que la masa se extienda por toda la bandeja de forma homogénea y con aproximadamente un centímetro de grosor.
  4. Con el cortador de pizza o el cuchillo corta en barritas y con el tenedor haz agujeros por toda la superficie que impedirán que la masa se combe durante la cocción. Mete la bandeja en la nevera, cubierta con papel film, durante media hora.
  5. Con el horno precalentado a 180 grados mete los shortbreads a media altura y déjalos unos 20 minutos, hasta que empiecen a coger color sin dorarse. Sácalos y déjalos enfriar en la misma bandeja, desmóldalos después. Los shortbreads están listos. Ya empiezan a desaparecer…

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