Pan con queso Cheddar y cebolla


Valoraciones:
Malo, como pan de plásticoRegular, como cruasán a la planchaNo está mal, como mi primer pan caseroBueno, como mi quinto pan casero¡Estupendo! Me acabo de comer la hogaza enterita
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16 Comentarios

Pan con queso Cheddar y cebolla

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Malo, como pan de plásticoRegular, como cruasán a la planchaNo está mal, como mi primer pan caseroBueno, como mi quinto pan casero¡Estupendo! Me acabo de comer la hogaza enterita
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Sobre esta receta

Tengo un perfil inversor conservador. Yo no invierto en capital riesgo, ni en el Nasdaq, ni en Bitcoins. Invierto en queso. Y en jamón, en vino y en harina y en general en todas las cosas sabrosas de la vida. Que yo sepa, los Bitcoins no se comen.

Lo malo de esto es que al final uno se va transformando en un sibarita, un concepto tal vez poco acertado y que afinan más las abuelas en Galicia empleando otro término más preciso: repunante. Sí, sin g, que no tiene nada que ver con dar asco, sino con ese tipo pesado que le suele poner peros a todo y que no encuentra nunca nada a su gusto. Yo soy algo repunante, pero sí encuentro cosas que me gustan. De hecho encontré un Cheddar maduro fabuloso y ahí empieza esta historia.

Mi Cheddar y yo podríamos haber vivido un intenso idilio de no ser por una receta de pan (Christinte Ingram y Jennie Shapter, The Bread Bible) que cayó en mis manos justo en esos días. Como todos los repunantes tiendo a ser conservador en lo gastronómico, pero envalentonado por el estupendo vino de Toro con el que me estaba despachando el queso decidí echarme al monte, es decir, pochar una cebolla, coger el rallador y meter 150 gramos de ese glorioso regalo de las sabias vacas británicas en mi masa de pan.

Mientras amasaba tenía la sensación de estar preparando una empanada o una pizza en 3D. Un ortodoxo del pan se puede, como poco, sorprender al toparse con trozos de cebolla asomando entre la harina. Las dudas, en todo caso, se disiparon cuando el horno empezó a difundir un aroma que nublaba la mente. La mía, antes de perder el sentido, recordó que en algún rincón de la nevera conservaba un bote de chutney de tomate y chile picante, también muy british. Cuando aquello estudo tibio nos metimos en faena mi chutney, mi vino de Toro y yo. Y así hasta hoy, que llevo tres días cenando lo mismo y empiezo a comprender ya la inefable armonía del universo.

Y todo sin despeinarse, porque el pan de queso y cebolla se amasa rápido y sin especial esfuerzo y te queda muy resultón sin que sea necesaria una técnica muy precisa para formarlo. Eso sí, piensa en esto como plato principal y ni te lo plantees en el desayuno salvo que seas de los valientes que saludan al amanecer con un par de huevos. Con bacon. Entonces adelante, que lo vas a gozar.

Qué necesitas

utensilios e ingredientes necesarios para hacer pan de queso y cebolla

Ingredientes

Para el prefermento

Para la masa

  • Todo lo anterior
  • 300 gramos de harina panadera eco El Amasadero
  • 150 gramos de leche tibia
  • 150 gramos de queso Cheddar curado
  • Una cebolla
  • Algo de mantequilla (para pochar la cebolla, aunque puedes ponerle aceite si prefieres) y para pintar
  • 9 gramos de sal
  • Una cucharadita de café de mostaza en polvo (si la tienes en grano, machácala bien en un mortero)
  • Una pizca de pimienta negra

Paso a paso

  1. Prepara el prefermento mezclando los ingredientes la noche anterior y dejándolo en un recipiente tapado a temperatura ambiente.
  2. Pocha la cebolla en una sartén con un poco de mantequilla (más british) o de aceite. Cuando esté dorada y tierna aparta la sartén del fuego y deja enfriar. Si quedan restos de aceite o mantequilla, escúrrelos.
  3. En un bol mezcla la harina, la mostaza en polvo, la pimienta, el prefermento, la cebolla, tres cuartas partes del queso rallado y la leche tibia. Amasa un rato y añade la sal. Continúa amasando unos minutos, puedes hacerlo con un amasado francés. Mételo todo en un bol aceitado para evitar que se pegue, tápalo y déjalo leudar aproximadamente tres horas o hasta que suba sensiblemente de volumen. Si hace calor tardará menos. No hace falta que doble.
  4. Vuelca la masa sobre una mesa ligeramente enharinada y divídela en 16 porciones más o menos iguales. Con las dos manos vete formando bolitas (como si hicieras albóndigas) con los trozos de masa. Pon la mitad de ellos en un molde untado con mantequilla y pinta su superficie con algo de mantequilla clarificada. Añade encima la otra mitad de las bolitas y vuelve a pintar. Cubre el bol y déjalo reposar en un sitio cálido aproximadamente dos horas más o hasta que doble.

    Forma dos capas de bolitas de masa
    Como puedes ver, el boleado es un poco basto.
  5. Precalienta el horno a 190 grados. Esparce el queso rallado restante sobre la superficie de los bollitos e introduce en el horno, en la segunda altura más cercana a la placa base. Cuécelo unos 45 minutos. Si ves que se tuesta demasiado por arriba cúbrelo con un trozo de papel de aluminio durante unos minutos. Ha de quedar bien dorado. Desmóldalo al sacarlo del horno. Si los laterales te han quedado muy pálidos puedes meterlo cinco minutos más, ya sin molde. Déjalo enfriar sobre una rejilla.

Consejos

En la receta original no emplean prefermento. En ese caso olvídate del primer paso y suma 150 gramos de harina, 150 gramos de agua templada y 5 gramos de levadura seca. Los tiempos de leudado serán menores. En este caso el resultado seguramente será parecido, aunque yo prefiero los panes con prefermento porque suelen ser más sabrosos y se conservan mejor.

Lo de invertir en queso es importante. Hazte con un buen queso Cheddar, no del que venden de barra en el súper. Si no lo tienes disponible puedes ponerle uno de Mahón curado de buena calidad. Si finalmente empleas otro tipo de queso recuerda que cuanto más fuerte sea, menos cantidad debes añadir, porque en esta receta el sabor que aporta es muy intenso.

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