Maravillas en diez minutos: tejas de almendra


Valoraciones:
Malo, como pan de plásticoRegular, como cruasán a la planchaNo está mal, como mi primer pan caseroBueno, como mi quinto pan casero¡Estupendo! Me acabo de comer la hogaza enterita
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Maravillas en diez minutos: tejas de almendra

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Malo, como pan de plásticoRegular, como cruasán a la planchaNo está mal, como mi primer pan caseroBueno, como mi quinto pan casero¡Estupendo! Me acabo de comer la hogaza enterita
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Sobre esta receta

Las había catado con deleite porque siempre que bajaba a Cádiz mi suegra me las traía como un tesoro, que realmente lo son. Me las comía y pensaba que habría que bajar a Cádiz a por aquello. Buenos, vamos a matizar para que nadie se enfade, a Cádiz no, al Puerto, que de ahí venían, pero juro que yo bebo los vientos por las dos ciudades. Nunca se me ocurrió que aquellas tejas de almendra las pudiera hacer yo en casa, y la cosa no pasó por mi cabeza hasta que me vi con una bolsa de almendra laminada de El Amasadero. La había empleado para otras cosas (unos almendrados de vicio) y me sobraban bastantes, pero me parecía un pecado no darles más usos.

Sé que a lo mejor no queda bien decirlo aquí, pero las almendras de El Amasadero no son cualquier cosa. Si alguna vez has probado a comprarte una bolsa en el súper sabrás de qué hablo, porque en general los embolsados industriales suelen venir blandurrios, lánguidos, tristes. En resumen, pasados. Estas no, y había que darles un noble fin en la batalla.

Así que me engolfé con las tejas. Mira, si la casa de Hansel y Gretel tuviera el tejado de este material, juro que jamás hubiera aceptado la invitación de la bruja de pasar a su interior. No, señora, primero va el tejado y luego veremos. A mí, que conste, me encantan las almendras. Además, pese a que en mi ignorancia vislumbraba difíciles arquitecturas pasteleras, resultó que hacer tales delicias no tiene ni la más mínima dificultad más allá de trabajar con la almendra adecuada. Para mi pasmo, saqué del horno en menos de un cuarto de hora unas tejas de antología. Y sí, seguiré bajando a Cádiz (y al Puerto) con cualquier excusa, que no hace falta, pero la de las tejas ya no será una de ellas.

Qué voy a necesitar

Ingredientes para dos docenas de tejas

  1. Mezcla bien en el bol todos los ingredientes y déjalos enfriar en la nevera durante una hora.
  2. Haz pequeñas bolitas ayudándote con una cuchara y aplástalas con la mano sobre la bandeja del horno cubierta con papel de hornear hasta que queden finas.
    tejas-sobre-papel-horno
  3. Mételas en el horno precalentado a 180 grados y déjalas allí, a media altura, hasta que se doren, unos 14 minutos.
  4. Saca la bandeja del horno y, ayudándote con una espátula, pon las tejas sobre rodillos de cocina, botellas o cualquier cilindro que tengas a mano. Mientras están calientes cogerán esa forma cilíndrica que conservarán, crujientes, al enfriarse.
  5. Y ya está. De verdad que no se me ocurre nada más fácil.

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