Conservemos las fiestas


Valoraciones:
Malo, como pan de plásticoRegular, como cruasán a la planchaNo está mal, como mi primer pan caseroBueno, como mi quinto pan casero¡Estupendo! Me acabo de comer la hogaza enterita
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Conservemos las fiestas

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Malo, como pan de plásticoRegular, como cruasán a la planchaNo está mal, como mi primer pan caseroBueno, como mi quinto pan casero¡Estupendo! Me acabo de comer la hogaza enterita
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Sobre esta receta

Lo que son las cosas. En apenas dos años, hemos pasado de buscar excusas para huir antes de tiempo de las eternas reuniones familiares de estas fechas a añorar unas horas más de sobremesa y esas tardes que se reparten entre la cocina y las últimas compras, el vino, la mesa, las bandejas de turrones. 

Quién nos iba a decir que una pandemia nos devolvería el espíritu navideño… Pero con los días libres contados, la cola de trabajos por cerrar antes de final de año y el caos de vuelos y billetes, también esta vez nos tocará celebrar parte de las fiestas en la distancia. Al menos podremos juntarnos y desplegar nuestras dotes culinarias sin el ojo reprobatorio de la mamma por nuestra heterodoxia…

Quien pone la casa se libra del champán y el postre, pero se encarga de los entrantes. Y no, en esta ocasión no vamos a tirar de embutidos, por muchas jotas que tengan. Vamos a darle una vuelta a esa idea algo antigua de lo “gourmet” e intentar ganarnos a nuestra audiencia por la vía de la sorpresa con esas conservas que teníamos reservadas y aquellas que llevamos tiempo queriendo probar sin encontrar el cuándo, el cómo o el con quién.

El momento ha llegado para los lomos de sardina a la brasa, que no necesitan mucho más que su propio aceite, un buen pan untado en ajo y una burrata a la altura para que la entrada sea triunfal. ¿Con unos tomates cherry confitados como acompañamiento? Empezamos bien, empezamos muy bien… 

También podemos ponernos japos y marcarnos unos nigiri de pulpo o de navajas, o un temaki de ventresca algo sui generis. La técnica del arroz ya la tenemos dominada y la ventaja es que aquí no tenemos que enrollar, solo acertar con la presentación y los acompañamientos…

Tercera opción: atún rojo, atún rojo o atún rojo. El tarantelo no necesita más que un poco de aguacate para sobresalir, y en mollete (o en bao) con cebolla roja, mayonesa de curry y brotes es casi un primer plato. La ventresca, en formato tartar o acompañando una causa limeña, va a hacer que sumemos puntos. ¿Queremos romper el marcador? Mormo en aceite de oliva, tan jugoso que apenas necesita más acompañamiento que un escabeche de algas, por ejemplo. 

Como la cosa se ha puesto seria, jugaremos nuestra última baza con unos calamares en su tinta, simplemente acompañados de arroz –este, mejor, al estilo occidental– para cumplir con nuestra parte del menú dejando espacio a la gastronomía más próxima y sin gastar la carta del salpicón con hueva de atún de leche o, quién sabe, del marmitako a base de conservas.  

Confiemos en que a nadie más se le ocurra tan apañada idea para los segundos y, más aún, en que el marron glacé o los polvorones no vengan escabechados. 

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