Bollos de canela


Valoraciones:
Malo, como pan de plásticoRegular, como cruasán a la planchaNo está mal, como mi primer pan caseroBueno, como mi quinto pan casero¡Estupendo! Me acabo de comer la hogaza enterita
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Bollos de canela

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Malo, como pan de plásticoRegular, como cruasán a la planchaNo está mal, como mi primer pan caseroBueno, como mi quinto pan casero¡Estupendo! Me acabo de comer la hogaza enterita
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Sobre esta receta

En la lista de sabores que hurgan en la memoria ganan por goleada aquellos viejunos que nos hacen viajar hasta esa mítica infancia dorada, esos que nos llevan a la cocina de la abuela y que al probarlos consiguen, en un arrebato de nostalgia, que dejemos de pensar en hipotecas y horarios y nos instalemos brevemente en ese balneario ajeno a las urgencias cotidianas que fue la niñez.

A mí me gustaría que hubiera sabores que con la misma intensidad me hicieran evocar noches de sexo voraz, o gozar de la sensación de ganar un Euromillones. O la Champions. Pero hasta ahora lo mejor que he conseguido por la vía gastronómica en materia de recuerdos es esta suerte de melancolía sentimental rebozada de azúcar y canela que permite vislumbrar los momentos felices de la infancia.

Cada uno tiene grabados sus propios sabores viejunos. Forman un selecto club, bastante cerrado, en el que panes y masas tienen un lugar destacado. Torrijas, flores, chulas, orejas de carnaval, buñuelos y leche frita pueblan esa nómina de recetas de mi máquina del tiempo. Los bollitos de canela (preparados siguiendo las indicaciones de Emmanuel Hadjiandreou en su libro “Cómo elaborar pan”), que jamás hornearon mis abuelas, llamaron a la puerta de ese club nada más probarlos.

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Tienen esa sencillez de alimento de posguerra, ese espíritu de fiesta improvisado con lo más básico que no encuentra acomodo en las cartas de un restaurante porque lo suyo son las meriendas de verano con alma de vacaciones.

Poseen, además, la inmensa ventaja de la facilidad con la que se elabora y trabaja esa masa. Cuando pones los bollitos juntos en el molde recuerdan a los bucles de una estatua griega. A ésta mi hija tardó poco dejarla calva. Aunque no lo sepa, seguro que para ella ya se han instalado en su olimpo de los sabores viejunos.

Qué necesitas:

Un molde redondo de unos 20 centímetros de diámetro, untado con mantequilla.
Un bol
Una rasqueta
Una rejilla para enfriar
Un cuchillo

Ingredientes para unos 15 bollitos

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  1. Haz un prefermento mezclando bien el agua, el azúcar y 100 gramos de harina con la levadura. Déjalo reposar aproximadamente hora y media cubierto en el bol.
  2. Añade los otros 100 gramos de harina, la sal, la canela y un huevo batido y amasa.
  3. En pequeños trocitos vete integrando poco a poco la mantequilla durante el amasado. Déjalo reposar todo un cuarto de hora cubierto con un paño.
  4. Amasa de nuevo llevando los bordes hacia el centro y presionando con firmeza pero sin demasiada fuerza. Basta con unos segundos. Deja reposar otros diez minutos y repite el proceso hasta haberle dado tres amasados con los correspondientes descansos entre ellos. Cubre el bol y déjalo una hora y cuarto o hasta que haya subido sensiblemente su volumen.
  5. Enharina levemente la encimera. Desgasa la masa en el bol apretando hacia abajo con la mano y vuélcala sobre el mesado. Con los dedos (no hace falta rodillo) vete dando forma al conjunto hasta conseguir un rectángulo que no tenga un grosor mayor de medio centímetro. Verás que es una masa muy fácil de trabajar.
  6. Pinta la superficie con el otro huevo batido (con un pellizco de sal) y espolvorea con azúcar y canela. Échale sin miedo, que es una pena quedarse corto. Al gusto. Enróllalo desde la parte más alargada y córtalo en rodajas de algo más de un dedo de grosor.
    masa extendida con canela y azúcar
  7. Mete las rodajas en el molde con el corte hacia arriba, pegadas las unas a las otras pero sin apretarlas. Si te sobra alguna, no la pongas encima, prueba en otro molde. Cubre el molde con un paño y déjalo reposar hasta que los bollitos hayan crecido sensiblemente. Más o menos una hora.
    Bollo de canela enmoldados
  8. Mételos en el horno precalentado a 180 grados y añade algo de agua (dos dedos de un vaso) en una bandeja sobre la placa para producir vapor. Quítalos cuando estén dorados, aproximadamente en un cuarto de hora.
  9. Desmolda y deja enfriar sobre una rejilla. Píntalos ligeramente con mantequilla derretida mientras aún están calientes y remata espolvoreando un poco de azúcar glas por encima.

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