Entrevistas panarras: Namoreiras


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María Rivas, de Namoreiras: “Mi forma de hacer las galletas es un vínculo con mi pasado. Es como trasladarse al mundo de antes, en el que todo lo que comías tenía más intensidad, más aromas”

Terra e Mar. Raíces e Sal. María Rivas y Uxío Allo pusieron a andar hace algo más de cinco años Namoreiras, la etiqueta bajo la que elaboran galletas, pastas y granolas artesanas desde su obrador, en una aldea pontevedresa, y con la que resumen su forma de hacer: con amor a la tierra, a la lengua –la entrevista se realizó en gallego– y a los vínculos comunitarios de la cultura tradicional.

-¿Qué significa Namoreiras y cómo se relaciona con vuestro trabajo?

Namoreiras representa nuestro mundo. Inicialmente nos llamábamos Maruxío, en una simbiosis entre nuestros nombres, María y Uxío, y también de nuestros mundos: el del interior, la tierra, y el del mar y la cultura mariñeira gallega. Cuando tuvimos que cambiar la marca, elegimos Namoreiras porque también evocaba esos dos mundos. El nombre procede de la Herba de Namorar, una planta que crece en los acantilados gallegos, y también evoca el amor por las “eiras”, las eras, que eran antiguamente lugares de encuentro, donde se hacían los trabajos y donde los vecinos se juntaban. Es un juego de palabras que aúna nuestro nombre y nuestra filosofía de vida: volver a hacer comunidad, como se hacía todo antiguamente.

-La historia de Namoreiras se remonta más de un siglo en el tiempo y remite a Edelmira, una de tus abuelas. ¿Cuál fue su papel?

Nuestro proyecto, en la actualidad, está ubicado en una aldea de A Estrada (Pontevedra), en la casa donde se crió mi abuela Edelmira. La aldea es Terreboredo, donde yo iba durante mi infancia los fines de semana, la casa donde cabía toda la fantasía. Mi abuela, además, hablaba mucho de los trabajos, de las jornadas haciendo pan, empanadas… Cuando decidí volverme a la aldea lo que se me vino a la cabeza fue un negocio del que pudiéramos vivir y que nos estableciera en el rural, sin tener que movernos continuamente a la ciudad para trabajar. La casa de mi abuela fue nuestra oportunidad, y aunque ella no llegó a ver arrancar el proyecto es una forma de honrarla. Con todas las durezas de la vida, ella fue muy feliz allí.

–Vuestra biografía habla también de las raíces, de la tradición, de la tierra y de la sal…

En un primer momento, en Namoreiras hacíamos, además de galletas, conservas de mejillón; era el producto que Uxío extraía del mar. Ahora él está jubilado y hemos dejado de prepararlo, pero seguimos muy vinculados al mar: navegamos y tenemos muy presente la cultura marinera en nuestras actividades y en las jornadas que organizamos. Está en algunas de nuestras cajas… Con todo eso intentamos dar visibilidad a mundos que poco a poco van desapareciendo y que son nuestro patrimonio, de todos y todas. Pensamos que es una oportunidad de transmitir parte de nuestra cultura en nuestro embalaje, ya que están presentes en las estanterías de muchas tiendas, y le podemos dar visibilidad y reconocimiento.

–De hecho, vuestro packaging remite a figuras literarias y a otros aspectos de la cultura gallega, como las embarcaciones tradicionales y de memoria histórica…

Nuestros embalajes son una vía de comunicación, de contar cosas de nuestra cultura y de nuestra lengua. Por ejemplo, en la caja de Virxinia Pereira colaboramos con Rosa de Cabanas, una ilustradora de A Estrada, y el texto es de Montse Fajardo. Y estamos trabajando con la cantante Uxía Senlle para un proyecto sobre las “cantareiras”, para el Día das Letras Galegas… Forman parte de una cultura que queremos trasladar para que el regalo que se haga cuando alguien compra algo de Namoreiras vaya más allá de la alimentación y aporte algo nuestro. Para nosotros es muy importante darle valor a nuestro patrimonio y creemos que proyectos pequeños como este pueden aportar algo ahí.

¿Qué fue lo que te condujo hacia la repostería tradicional?

Mi forma de trabajar, muy artesanal, muy como se hacía antes, es un vínculo con mi pasado. Para mis galletas hago yo misma la molienda de la harina en un molino de madera de haya que tengo en el obrador, y uso siempre ingredientes naturales y de mayor proximidad… Es como trasladarse al mundo de antes, en el que todo sabía más, todo olía más, tenía más intensidad. Lo que yo quería era aportar a la sociedad algo que nutriese a la gente.

Al principio, cuando volví a la aldea, empecé en trabajo cooperativo con otras familias de la zona: íbamos a los mercados, dábamos cursos, hacíamos algo de repostería tradicional… Lo hacíamos con harinas de ahora, pero lo que yo quería era aportar salud y algo un poco diferente, porque en aquel momento no había en el mercado muchas galletas y las que había eran más clásicas. Era algo que tenía claro. Estábamos restaurando la casa y montamos, en la parte de abajo, el obrador y en la parte superior un alojamiento. Empezamos a elaborar y vender en septiembre de 2019. Al principio compaginamos el obrador con alojamiento en la casa, donde se podían hacer talleres de fin de semana de pan, de masas… Y luego empezamos con las ferias y mercados en el exterior, las cuales todavía mantenemos: la próxima será el 3 y 4 de mayo y la llamamos “O Mar en Terra”, un fin de semana lleno de cultura marítima y ancestral en tierra adentro, para hacer confluir estos dos mundos. Así, en estos eventos, hacemos pizzas, empanadas, y otro tipo de postres y damos a conocer nuestro proyecto y nuestros productos, ya que viene gente de muchos lugares distintos.

Algunas de las galletas que haces son veganas. ¿A qué responde esta elección?

Todo está relacionado con la clientela. Es tan cercana que a partir de las necesidades que nos llegan van surgiendo cosas. Así fue con las galletas veganas, o con el uso de algún ingrediente determinado. Así van saliendo galletas nuevas, como la de especias en la que estoy trabajando, porque varias tiendas me lo pedían. Hago pruebas hasta que salga algo que guste y doy mucho a probar.

¿Cuál es el producto que más te representa, del que estés más orgullosa?

Los “rebolos” –así llama a sus galletas– de avena con chocolate en medio. Me gusta mucho y me sienta muy bien. No es especialmente dulce, es vegana… Es deliciosa. Además, siento mucho orgullo que le gustase tanto a una amiga, que es quien me introdujo en el mundo de las galletas y que lleva muchos años preparando cosas riquísimas. También hacemos turrones veganos en Navidad. La verdad es que tenemos mucha clientela vegana hoy por hoy.

¿Cuál es la relación entre vuestro proyecto y el lugar que habéis elegido para desarrollarlo?

El vínculo está en la forma de hacer las cosas. Galletas no es algo que se hiciese tradicionalmente en esta zona ni en general en las casas de antes. Rosquillas y roscas sí, pero las galletas son más una necesidad de un tiempo a esta parte. Lo que sí, trato de usar ingredientes de gente que trabaja y está arraigada aquí, en esta tierra: los arándanos que uso son de aquí, de A Estrada, y el cereal lo traigo de León, porque aquí en Galicia no tengo escanda; es de una familia que se dedica al cultivo, sé que es una semilla antigua, no modificada genéticamente, así que puedo ofrecer productos con muchos nutrientes. La parte de la tradición está en los cultivos. Cuando empezamos sembrábamos algunos cereales, como el trigo sarraceno, pero era demasiado tiempo, no resultaba muy viable. Las harina de El Amasadero las incorporé para hacer panes y pizzas para mercados y otros eventos, porque la de espelta integral resultaba muy densa y no quedaba igual.

¿Cómo es un día normal de trabajo?

Lo bueno de vivir en el rural y de vivir donde trabajas es que cada día puede ser distinto: lo adaptas a tus necesidades. Esto me ha dado calidad de vida. Puedes compaginar vida y familia, atender a la crianza, es decir, vivir más orgánicamente. Es verdad que hacemos muchas horas y que, cuando hay muchos pedidos, como en Navidad, hay que trabajar duro, pero la conciliación es una maravilla. Y trabajas para ti, que es muy gratificante.

Tú preparas las galletas…

Sí, y estoy en el obrador, pero Namoreiras es muchas cosas: crear vínculos de cooperación con la gente que trabajamos, diseñadoras, personas que nos hacen textos para nuestros embalajes, organizar ferias y mercados… Hasta este año también íbamos con la “reboleta” (la furgoneta con la que se acercaban a distintos eventos y mercados de Galicia con comidas y sus galletas)… Así que entre Uxío y María se reparten los trabajos. María más con las manos en la masa y Uxío en establecer conexiones.

¿Hacia dónde va Namoreiras? ¿Dónde os imaginas en el futuro?

Es algo que reflexionamos mucho, que hemos hablado con mucha gente. Tenemos clientes que nos dicen que podríamos llegar a más, pero yo no quiero crecer. Quiero vivir tranquila, no meterme en algo más grande. Esa fue una dicotomía que tuvimos en cierto momento, si ampliar y tener personas empleadas, asociarnos con otra gente. Pero no cuajó y ahora lo tengo claro: trabajo lo que puedo y cuando puedo, adapto el trabajo a las necesidades de la vida y no tengo ansiedad por crecer, pero quiero seguir trabajando como hacemos ahora, colaborando con mucha gente y haciendo comunidad. Y, sobre todo, que mi trabajo me aporte felicidad y calidad de vida. Nos sentimos privilegiados de llevar esta vida y de darle vida a nuestra aldea. Pequeños proyectos que aportan a la sociedad donde vives, ¿qué más se puede pedir?

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