Monta el bol de acero, la rasqueta separadora y el gancho. Vierte primero agua el aceite y añade la levadura seca.
Enciende la máquina y añade las harinas y la sal. Empieza a velocidad muy baja y mezcla solo hasta que no queden restos secos y la masa se vea homogénea. En la Ankarsrum conviene meter líquidos primero y luego secos, incorporando la harina poco a poco.
Amasa lo justo para unificar y que la masa se despegue algo de las paredes y se vea más lisa, sin buscar un gran desarrollo de gluten.
Pasa la masa a un bol ligeramente aceitado y tapa.
Al cabo de una hora, más o menos, la masa habrá aumentado de volumen.
Espolvorea harina en la encimera y vuelca la masa fermentada sin desgasificar
Ayudándote de la rasqueta, forma una barra alargada. La masa será muy pegajosa.
Para formar los molletes, corta la barra en 8 porciones iguales.
Forma el mollete con cuidado hasta conseguir un óvalo de 1 cm de grosor. Si la masa se pega, espolvorea harina muy ligeramente.
Vete colocando los molletes a una bandeja con papel de horno, ligeramente separados.
Espolvorea con un poco de harina y cúbrelos con un paño. Déjalos fermentar 40 min, hasta que estén visiblemente más hinchados y blanditos al tacto. Enciende el horno a 220 ºC para que se vaya precalentando mientras fermentan los molletes.
Una vez estén fermentados, pulveriza ligeramente con agua y hornéalos de 18 a 20 minutos a 220 ºC con calor arriba y abajo buscando que solo se doren levemente.
Sácalos y déjalos enfriar sobre una rejilla.