Disuelve la levadura seca en el agua tibia y resérvala 5 minutos.
En el bol de la amasadora pon: los huevos, el azúcar, el anís, la mantequilla fundida y templada, asegundándote que no está a más de 26-27 grados pues en caso contrario las levaduras se estropean y la ralladura de limón.
Añade el agua con la levadura y empieza a incorporar la harina mezclada con la sal poco a poco, mezclando hasta obtener una masa muy blanda, elástica y algo pegajosa
Pasa la masa a la superficie de trabajo y amasa sobre la mesa durante 2–3 minutos, solo hasta que la masa esté homogénea y lisa.
Forma una bola, pásala a un bol amplio y cúbrela bien con un paño o mantel.
Déjala fermentar en un lugar templado unas 6 horas, hasta que esté muy aireada y haya crecido de forma clara.
Pon un poco de aceite de girasol en un plato y mójate ligeramente los dedos. Con ayuda de un cuchillo corta porciones de masa de unos 13 g y forma bolas.
Estíralas con los dedos engrasados, sin aplastarlas, hasta conseguir pequeñas tortas.
Calienta abundante aceite de girasol en una sartén o en un cazo hondo, a fuego medio-alto. Es importante que el aceite no esté demasiado caliente, para que se vayan cocinando poco a poco y queden bien infladas y cocidas en el interior
Echa las porciones de masa de uno en uno. No añadas muchas juntas, pues tienen que tener sitio para crecer. Las bollas se inflarán y flotarán en el aceite.
Cuando están ligeramente doradas, dales la vuelta y deja que se cocinen por el otro lado
Sácalos a un plato con papel absorbente y espolvoréalos con azúcar en caliente.